Dualismo Organizativo, Minoría Activa y la discusión entre ‘Partido’ y ‘Movimiento de Masas’

Extractos de una entrevista realizada a la Federação Anarquista do Río de Janeiro (FARJ) Realizada por Jonathan Payn (Frente Anarquista Comunista Zabalaza – ZACF, Sudáfrica), Agosto – octubre de 2010. (En la imagen: Bakunin y Malatesta)
Captura de pantalla de 2015-10-13 12:02:57El término “dualismo organizativo”, tal como se usa en inglés (organizational dualism), sirve para explicar la concepción de organización que promovemos, o lo que clásicamente se ha llamado “la discusión entre partido y movimiento de masas”. En resumen, nuestra tradición especifista tiene sus raíces en (Mikhail) Bakunin, (Errico) Malatesta, Dielo Truda (la Causa de los Trabajadores), la Federación Anarquista Uruguaya – FAU y otros militantes/organizaciones que han defendido la distinción entre niveles de organización. Esto es, un un nivel más amplio que llamamos “nivel social”, compuesto por movimientos populares, y el que llamamos “nivel político”, compuesto por militantes anarquistas agrupados en torno a una base política e ideológica definida.Este modelo se basa en unas pocas posiciones: que los movimientos populares no se pueden confinar en un campo ideológico –y, en este respecto, nos distinguimos de los anarcosindicalistas, por ejemplo– pues deberían organizarse en torno a necesidades (tierra, techo, trabajo, etc.), agrupando a grandes sectores del pueblo. Esto es el nivel social o el movimiento de masas, como se llamó históricamente. El modelo también afirma que, para trabajar en movimientos, no es suficiente disolverse –o insertarse– en ellos, incluso cuando nos reconozcamos como anarquistas. Es necesario que estemos organizados, constituyendo una fuerza social significativa que facilitará la difusión de nuestro programa y también la defensa frente a los adversarios que tengan otros programas. Sin embargo, se debe tener en mente que no promovemos que se participe en uno u otro nivel; los anarquistas también son trabajadores y forman parte de ese amplio conjunto que llamamos clases explotadas y, por tanto, se organizan, en cuanto clase, en los movimientos sociales. Sin embargo, como este nivel de organización tiene sus limitaciones, los anarquistas también se organizan a nivel político, como anarquistas, como forma de articular sus ideas y trabajo.

La llamada organización específica anarquista no es nada nuevo en el movimiento anarquista. Sus orígenes se encuentran en la propia militancia de Bakunin en en seno de la Primera Internacional con la formación de la Alianza de la Democracia Socialista en 1868. Malatesta, desarrollando la tesis de la minoría activa de Bakunin, también pensó en algo similar. Del mismo modo, los rusos exiliados de Dielo Truda y la FAU, entre muchos otros. Este agrupamiento específico de revolucionarios antiautoritarios se basa ​​en las posiciones sobre los horizontes (objetivos), estrategias y tácticas comunes. Es decir, la organización específica anarquista no es “invención” reciente, sino que tiene su propia trayectoria en la consolidación del anarquismo como una herramienta revolucionaria, que se remonta a la actuación de Bakunin.

En el desarrollo del movimiento anarquista, esta posición fue apartada en diferentes países en favor de una posición que decía que “el sindicalismo” (que abarcaba el conjunto de los movimientos sociales) era suficiente. Para nosotros no. Creemos que el deber de la organización específica anarquista, que Malatesta llamó “partido” anarquista, es articular las fuerzas anarquistas en torno a una propuesta común y animar a los movimientos sociales para avanzar más allá de sus demandas, pudiendo forjar las bases de una transformación revolucionaria.

Es importante señalar que el dualismo organizativo no implica una relación de subordinación o jerarquía entre las dos instancias mencionadas. Al entender del anarquismo, la organización específica anarquista y los movimientos sociales son complementarios. La relación organizativa específica anarquista presupone una relación ética y horizontal, lo que implica que no hay relación de jerarquía o de control sobre las instancias en las que esta participa.

El papel de la organización específica anarquista es la de actuar como catalizador de las luchas sociales. No creemos que las organizaciones deban guiar o dirigir las luchas políticas, como reza en la cartilla marxista-leninista. La concepción de minoría activa de Bakunin nos es muy grata a este respecto. La minoría activa no impone, no domina, no establece relaciones de autoridad o de jerarquía dentro de los movimientos sociales.

El papel de la organización específica anarquista en los movimientos sociales tampoco es ir a remolque de todas las posiciones de los movimientos que integra, sino difundir e influir en los movimientos con las prácticas libertarias (acción directa, autonomía, autogestión, etc), sin “rigideces doctrinarias”.

Esto implica una gran responsabilidad y presupone una relación ética con estos movimientos. Esto también conduce al inevitable papel de contribuir a la lucha contra cualquier tipo de manipulación de los movimientos sociales, combatiendo la burocracia, estimulando la organización interna del movimiento, y trabajando para que los movimientos caminen siempre con sus propias piernas.

Tal como ponemos en nuestro programa: “el trabajo social es la actividad que realiza la organización anarquista en el seno de la lucha de clases, haciendo interactuar al anarquismo con las clases explotadas”. La inserción social es “el proceso de influencia de los movimientos sociales a partir de la práctica anarquista. Así, la organización anarquista realiza trabajo social cuando desarrolla trabajo con movimientos sociales y realiza integración social cuando consigue influir a los movimientos con las prácticas anarquistas”.

Vamos a ver cómo podemos explicar mejor esto en términos prácticos. Para nosotros, la obra más importante de la organización anarquista es funcionar como motor/fermento de las luchas de los movimientos sociales, sindicatos, etc. y en este sentido, tenemos siempre como objetivo crear movimientos o participar en movimientos que ya existen.

Bueno, podemos decir que tenemos trabajo social cuando participamos en movimientos sociales o creamos movimientos que no funcionan con la estrategia que defendemos. Cuando entramos en un movimiento como el de los sin techo, por ejemplo, y desarrollamos trabajo sin conseguir llevar a cabo un proyecto propio, es decir, una aplicación práctica de nuestro programa, estamos realizando trabajo social. El trabajo social es, por lo tanto, estar participando en el movimiento, pero sin conseguir implementar nuestro programa en el proyecto en particular del que hablamos. Por lo general, los primeros pasos de una organización anarquista son siempre de trabajo social, pero es imprescindible buscar, en un segundo momento, la inserción social.

Según la definición de más arriba, la inserción social se produce cuando, desde el trabajo social, la organización anarquista consigue hacer que su estrategia funcione en términos prácticos en los movimientos populares. De hecho, para nosotros no basta estar simplemente en los movimientos y vivir a remolque de los mismos, es preciso estar allí con un programa y luchando para que sea aplicado en la práctica tanto como sea posible.

En nuestro programa, proponemos una estrategia determinada para los movimientos: en resumen, movimientos amplios, sin criterios ideológicos o religiosos como base de la asociación; con un perfil de clase asociado, es decir, movimientos forjados en los sectores de las clases explotadas; combatividad buscando los logros por medio de las luchas y no mediante el colaboracionismo entre clases o acuerdos en despachos; autonomía en relación a individuos, organizaciones e instituciones tales como partidos autoritarios, el Estado, etc; la acción directa como forma de asegurar los logros de las luchas de la propia clase, sin participación en las instancias de la democracia burguesa; la toma de decisiones por democracia directa, es decir, movimientos que se organizan horizontalmente, con la toma de decisiones por parte de todos los implicados en la lucha sin liderazgos separados de la base y afirmándose en la autogestión y el federalismo; por último, una perspectiva a largo plazo que pueda impulsar las conquistas del día a día y también impulsar a las luchas a un objetivo revolucionario y socialista.

Por último, cuanto más podamos promover esta estrategia dentro de los movimientos, y cuanto más funcionen de esta manera, más inserción social tenemos.

Por lo tanto, la distinción es fácil: el trabajo social es participar y la integración social es conseguir implementar el programa. El trabajo debe ser siempre el comienzo y la inserción el objetivo buscado en los movimientos.

Hacemos hincapié en los movimientos sociales porque el trabajo social no se hace al azar y mucho menos podemos considerar cualquier acto de rebeldía, aunque admirable cuando se dirige contra los opresores, un trabajo social. En primer lugar está la cuestión del terreno, que es el terreno de la lucha de clases y las posibilidades planteadas por la organización popular. Si entendemos cómo los protagonistas de la revolución al conjunto de las clases explotadas, no hay nada más obvio que trabajar con los movimientos constituidos por aquellos/as oprimidos/as por el capitalismo.

Estos movimientos o ya existen o se deben crear –en esta última tarea puede participar la organización específica anarquista o no. El trabajo social necesita de cierta sistematicidad. Es decir, necesita ser regular y desenvolverse sobre bases más o menos sólidas y tener, o pretenderlo, un llamado cariz de clase. Tiene que reflexionar sobre sus objetivos, sobre el riesgo de caer en el activismo por el activismo o de desperdiciar energías necesarias para el avance de las luchas.

Hay que destacar que el trabajo social requiere perseverancia y paciencia. Es necesario, por tanto, cierta postura. Algo que la FAU llama estilo militante, término que nos parece completamente apropiado y algo que comenzamos a reflejar recientemente en mayor grado. No hay militancia que dé resultado cuando hay un desajuste entre las posturas de los/las activistas. Ni de lejos queremos que todos actúen y se comporten de forma homogénea o que se anulen, en detrimento de la colectividad. Hay variadas personalidades y temperamentos dentro de la organización.

Lo que pensamos, es que debe haber ciertos parámetros de trabajo social que deben ser alentados dentro de la organización específica anarquista. Nuestra carta de principios ya define la columna vertebral de nuestra organización, pero el trabajo social cotidiano plantea problemas que no son resueltos sino como abstracciones. Para esto, es imprescindible que el/la militante no sea “cuerpo extraño” exótico/exógeno en los movimientos de los que pretende formar (o forma) parte. Es preciso saber oír, saber escuchar. Es necesario ser paciente y sobre todo mucha autenticidad y sinceridad en el trabajo realizado. Dar cuerpo a los valores que defendemos no a partir de la palabrería o del puro adoctrinamiento, sino a partir de la caminata hombro con hombro, de la fraternidad y la solidaridad en la lucha que se desarrolla en lo cotidiano del trabajo social. No hay manera de desarrollar el trabajo social, si sólo consigo interactuar, dialogar y socializarme con mis compañeros “revolucionarios”.

Obviamente ningún/a activista tiene todas las cualidades que pretendemos, pero a partir de las ponderaciones colectivas se va afinando el tono.

Cuanto más exista este estilo militante, más posibilidades de tener inserción social. No se trata de ideologizar los movimientos, ni de transformarlos en movimientos sociales anarquistas, sino de hacer que consigan llegar lo más lejos posible rumbo a los horizontes revolucionarios.

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