Electoralismo y parlamentarismo: trabas para la izquierda

Palabras de Gerardo Gatti, Secretario General de la Federación Anarquista Uruguaya en el acto por el décimo aniversario de esa organización. Circa 28 de octubre de 1966. *****

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Las condiciones hay que crearlas, decíamos. Para lo cual hay que unir a todos los que viven de su trabajo, por encima de cintillos partidarios. La puja electoral no crea conciencia, confunde. No promueve la lucha, la paraliza tras espejismos. No apunta directamente al logro de conquistas, las desvía. De la misma forma que desvía, paraliza, confunde y divide la sustitución de la movilización popular por el programa obrero, por el juego de reformas y contra reformas de la Constitución.

Las elecciones y la cortina de humo reformista son tácticas de la burguesía. Viejas y hábiles maneras de hacer creer al elector que es él quien está decidiendo. Cuando en verdad es una reducida oligarquía la que tiene en sus manos la riqueza y el poder. A ese mismo poder real sirve de decorado el Parlamento. En todos los casos las clases dominantes tienen como garantía su aparato de represión. Por todo esto es absurdo intentar, a esta altura, convertir al Parlamento en motor para la transformación social o en instrumento para la resistencia.

El electoralismo “de izquierda” significa, en definitiva un intento utópico, fuera de tiempo, de restituir al Parlamento burgués un prestigio ya perdido. Hay quienes sostienen la posibilidad y la conveniencia de emplear simultáneamente la vía parlamentaria y la vía sindical y popular. Esto implica aceptar la filatélica labor de coleccionar bancas parlamentarias como un aspecto importante, que poco a poco se va volviendo fundamental la actividad parlamentaria y su antesala electoral, absorbe, suple o subordina a todas las demás formas de acción político- social.

Es cierto que del Parlamento pueden salir, y ocasionalmente salen, algunas leyes que convienen a los trabajadores. Pero cuando ello sucede es por la presión popular, no por la acción persuasiva que los legisladores de izquierda ejerzan sobre sus colegas.

No creemos que el tema esencial sea en definitiva votar o no votar. Lo que importa es lo que se hace y no lo que se vota. Lo definitorio no es la actitud en un domingo aislado de fines de noviembre, cada cual metiendo papelitos en un agujero dentro de un cuarto secreto. Lo que define es lo que se haga, y cómo se lo haga y para qué se lo haga, todos los días que preceden y todos los que siguen a ese domingo folclórico.

Sólo por la acción directa se forja un pueblo fuerte:

Al igual que las conquistas sociales, las libertades individuales, gremiales y políticas que existen en nuestro país, deben ser defendidas palmo a palmo. Como fueron conquistadas: Por la acción directa de los trabajadores y los sectores avanzados. Nada tiene esto que ver con “defender la democracia”, con defender al régimen. Hay sí que defender las libertades y conquistas del pueblo, profundizarlas, ampliarlas, darles cabal sentido social. Si el pueblo retrocede serán menoscabadas y conculcadas, por más Parlamento “progresista” y “esclarecido” que hubiese.

Resistiendo en todos los terrenos a la reacción: así se forja un pueblo fuerte. Organizando su poder, ejerciéndolo desde los sindicatos urbanos y rurales, desde las ligas barriales, desde los núcleos populares, desde las fuerzas de izquierda.

Ejerciendo la acción directa, el pueblo, la gente, protagoniza la vida política del país. Y se une. Así adquiere forma y dimensión la lucha de clases. Así se crean las condiciones para el cambio radical para la transformación revolucionaria imprescindible.

En la medida que el programa y los métodos que apliquemos sean justos; representen el interés de la mayoría; interpreten las aspiraciones del país; reflejen la necesidad de trabajo, techo, salud, cultura, pan; encarnen el sentido de libertad e independencia de nuestro pueblo; en esa medida, será el pueblo quien derrotará a la reacción, respondiendo a su violencia de la manera que corresponda.

En torno a la vigencia del socialismo libertario:

Reafirmamos todo lo que es válido y vigente del pensamiento socialista y libertario, y de la acción del anarquismo revolucionario. La acción directa popular como método para el combate anticapitalista y la construcción socialista. El protagonismo de los hombres y los pueblos como factor de la historia. El rechazo a todo reformismo y a todo burocratismo. La concepción del socialismo y la libertad como dos fases inseparables de un único proceso de liberación humana. El estudio de esta realidad plantea la vigencia del federalismo como tendencia progresiva de la organización económica y política socialista. Para asegurar una participación lo más amplia posible desde el principio y cada vez mas amplia del pueblo en la planificación, organización y gestión de la vida económica. Reafirmamos en esa reelaboración, el sentido humanista, la reivindicación y el ejercicio pleno de la libertad que el auténtico socialismo significa.

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